QUO1.- ¿ESTÁS DISPUESTO A PAGAR EL PRECIO?

 Cualquier bienintencionado podría acudir a la tópica frase de persigue tus sueños, pero nada aporta a la pregunta planteada, sobre todo, para esos jóvenes estudiantes que todavía no han descubierto sus sueños o su vocación. Lo cual, por cierto, no tiene nada de extraño, ni de malo.

 Nos ha tocado vivir una época en la que las opciones son casi infinitas y saber qué necesitamos para sentirnos realizados o a qué queremos dedicarnos, lleva su tiempo. Diferenciar lo accesorio de lo esencial, no es sencillo. La mayoría de la gente lo va descubriendo a medida que las puertas y ventanas de la vida se van abriendo y cerrando.

 No te agobies si en el momento de tomar la decisión de opositar no tienes todas las respuestas. Es normal sentir miedo cuando hay que asumir la responsabilidad de decidir. Más aún, ese miedo es positivo, ya que nos obliga a exprimir al máximo nuestro cerebro. Pero lo cierto es que no pasa nada por equivocarte. Siempre podrás rectificar. Lo importante es no dejarse arrastrar por las modas y actuar siempre por voluntad propia.

 Dicho esto, partamos, aunque sólo sea para que pueda continuar el post, de que sabes a qué quieres dedicarte, por qué quieres hacerlo y que opositar es la única forma de acceder a esa profesión – como en el caso de Notarías- o, al menos, la forma más rápida de hacerlo con unas condiciones laborables aceptables.

 Quizás, y digo sólo quizás, no seas del todo consciente del sacrificio que implica opositar.

 La Oposición es una pareja celosa que condiciona tu vida desde que te levantas hasta que te acuestas, que absorbe toda tu energía, que te obliga a dar lo mejor de ti a cada instante. Por lo menos, así es la Oposición que yo conozco.

 Saber cuál es el precio de opositar y de si estás dispuesto a pagarlo, es algo que todo opositor debería tener bien claro.

 Tiempo, energía, ilusión, relaciones familiares y personales, ocio, coste de oportunidad, salud, dinero… Son muchas cosas las que hay que sacrificar si se quiere abordar con seriedad el reto de una oposición.

Probablemente, no serían pocos los que estarían encantados con que este post revelara un algoritmo secreto que analizara de forma objetiva si merece la pena opositar. De momento, ese algoritmo no existe ( si te interesa la idea -aterradora- de algoritmos que eligen por ti, lee «21 cuestiones para el Siglo XXI» de Yuval Noah Harari).

 Lo que sí puedo hacer es compartir contigo cómo entiendo que debe enfocarse semejante cuestión.

 Opositar es una inversión de una serie de recursos con los que pretendemos obtener una rentabilidad en forma necesidades satisfechas.

 En consecuencia, debemos hacernos las siguientes preguntas:

 

 1.- ¿ Cuál es el precio a pagar?

 Cada tipo de oposición es distinta, si bien todas tienen sacrificios en común.

 El precio de las oposiciones de largo recorrido es bien alto. Antes de que uno se de cuenta, han volado unos cuantos años encerrado en tu particular celda sin barrotes; se ha perdido el contacto con amigos que no comprendieron que no tenemos tiempo -ni ganas, a veces- para quedar; han surgido problemas insuperables en las relaciones de pareja por lo egoísta que tiene que ser el opositor quien sólo puede mirar por la buena marcha de su estudio; la autoestima se puesto a la altura de los papeles que has tirado al suelo, desesperado, por no ser capaz de memorizarlos; tu aspecto físico, blanquecino y  deprimente, se ha deteriorado hasta el punto de mirarte al espejo y decirte :» vaya pinta tengo«… etc, etc. Pero todo eso merece la pena si uno tiene claro qué quiere, por qué lo quiere y que está dispuesto a pagar el precio.

 Nuestra capacidad de sacrificio es sorprendente cuando estamos comprometidos al máximo con nuestra causa.

 De todos los sacrificios que implica opositar, hay dos que, por su propia naturalez fungible, tienen especial importancia: el tiempo y el coste de oportunidad.

 Si opositas durante unos años y, al final, decides dejarlo, no cabe duda de que conseguirás una buena formación y la «satisfacción» de haberlo intentado, pero esos años invertidos no volverán. Nuestro tiempo es limitado y puestos a invertirlo en algo, es mejor hacerlo habiendo meditado bien la decisión pues cada inversión de tiempo conlleva, además de tiempo -valga la redundancia-, un coste de oportunidad.

 Mientras opositamos, pasan por nuestra vida muchos trenes a los que no podemos subirnos y que no sabemos si algún día volverán. No solemos tener en cuenta esta circunstancia cuando tomamos la decisión de opositar. Precisamente por eso, si tienes dudas, resuélvelas antes de lanzarte a opositar pues, de lo contrario, te remorderán la conciencia y te dificultarán el estudio.

 

2.- ¿ Puedes pagar el precio?

¿ Cuánta ilusión despierta en ti el reto de opositar?; ¿ cuánto tiempo puedes dedicarle?;  ¿ Tienes cargas económicas que requieren de tu atención inmediata?; ¿ tu familia, pareja o amigos respetarían tu decisión de opositar?; ¿ Serían un apoyo o un obstáculo?; ¿ Tienes varias opciones profesionales entre las que elegir?

 Muchos opositores -o candidatos a  opositores-  piensan que el aprobado está reservado para los más inteligentes, los liberados de problemas para opositar o  los que tienen buenos enchufes.

 Repiten constantemente, convenciéndose y tratando de convencer, que tienen menos opciones de aprobar porque son gente «normal», con sus problemas de gente «normal». Esta actitud puede convertirse en un gran problema, si se pretende utilizar para justificar un mal resultado, o en una gran herramienta, si sirve como medio para liberarse de presión sin que suponga una disminución de la intensidad de estudio –sentirse con la oblicación de aprobar por tenerlo todo a favor, es una losa tremendamente pesada-.

 Ahora bien, las adversidades para opositar, que no digo que no sean un factor importante,  no pueden ser una excusa para no pelear por lo que de verdad te gusta, salvo que te obliguen a sobrepasar los dos límites que, en mi opinión, tiene el camino de la oposición: la salud o el dinero. Si la oposición compromete tu salud o tu situación económica, no te quedará más remedio que abandonar, al menos, temporalmente.

 Dejando a un lado estos dos casos concretos, preguntarte si puedes pagar el precio es una pregunta trampa: tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, estarás en lo cierto. Hay historias increíbles de opositores que, a pesar de todos los obstáculos, persistieron en la oposición y consiguieron aprobar. Todo es cuestión de perspectiva.

 

3.- ¿ Qué necesidades verías satisfechas al aprobar la oposición?

 He aquí el «quid» de la cuestión. De su respuesta, va a emanar la luz que te mostrará  si, de verdad, estás dispuesto a pagar el precio de opositar.

 Siempre que nos enfrentamos a un reto que impone sacrificios, tenemos que centrar la atención en la recompensa que obtendremos para poder valorar si merece la pena el esfuerzo requerido.

 Esa recompensa, son las necesidades que veremos cubiertas una vez aprobada la oposición.

 Todo el mundo tiene, más o menos, las mismas necesidades básicas ( seguridad, variedad, relevancia, amor, crecimiento y contribución) pero no todos las clasificamos de la misma manera.

 Tienes que comprobar cuál es tu escala de valores que determina tus necesidades vitales y en qué medida tu plaza de funcionario conseguiría satisfacerlas.

 Sé que no es fácil ponerse a reflexionar sobre estas cuestiones, pero es un ejercicio importante no sólo para decidir si estás dispuesto a pagar el precio de opositar, sino también, para ver cuáles son tus objetivos en la vida y de qué forma pretendes conseguirlos.

 

 

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