QUO3.- ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO PARA SUPERAR TU CRISIS DE ESTUDIO?

Probablemente, un post al estilo de «Cómo superar una mala racha de estudio», suscitaría mayor curiosidad y muchas más visitas que el que estás leyendo. Si un opositor tiene una crisis de estudio, lo normal es que pregunte a todo el que pueda tener la respuesta -Dr. Google incluido- cómo superarla. Lo que busca es una solución, no otra pregunta.

Sin embargo, el enfoque que persigo con este post – y con el blog en general- es bien distinto, pues conmigo, lo que funcionó fue otra cosa.

Te propongo el siguiente ejercicio: yo pregunto, tú reflexionas -escribir sería lo ideal- y sólo después, lees mi opinión, que, al fin y al cabo, tan sólo es eso, mi opinión.

Lo único que pretendo es que detengas el bucle mental negativo, analices la situación y busques tus propias respuestas.

¿Empezamos?

  1. ¿ Qué te pasa? Lo primero es analizar tu situación. Audítate.
  2. ¿ A qué le llamas una crisis de estudio? Sin un buen diagnóstico no podrás encontrar un buen remedio, así que ojo con la calificación.
  3. ¿ Cuáles crees que son los desencadenantes de la tuya?  Causalidad pura y dura. Si atacas la causa…
  4. ¿ Qué estás haciendo para superar tu crisis de estudio? Comprueba si tienes una conducta reactiva o proactiva. 
  5. ¿ Qué deberías estar haciendo para superarla? Brainstorming. Busca tus propias soluciones

1.- ¿ QUÉ TE PASA?

«- Que estoy desanimado, agobiado, estresado, sin motivación… En definitiva, que no estoy estudiando bien. Llevo menos temas de los que debería y no consigo remontar.

–  Vale. Darte cuenta de cómo te sientes y qué efectos provoca ese estado emocional está muy bien, pero eso no es lo que te pasa. Eso es la consecuencia de lo que te pasa. Así que repito la pregunta: ¿ Qué te pasa?»

La solución de cualquier problema de estudio comienza por ser consciente de que existe un problema a solucionar y éste suele estar en la cabeza.

A pesar de semejante obviedad, no serán pocas las veces que ante un mal día de estudio -o varios- habrás pensado: «No pasa nada. Sólo es una mala racha. Seguro que mañana tendré más ganas de estudiar.».

Pues, tal vez, pase algo. Y, tal vez, lo que pase sea que no te  des cuenta de que pasa algo.

Si no estás rindiendo como debes, no te alarmes antes de tiempo, pero, detente y recaba información: ¿ Cuánto estudiabas antes y cuánto ahora? ¿ Qué ha cambiado en tu entorno? ¿ Qué ha cambiado en tu interior? ¿ Cómo te sientes? ¿En qué pensabas antes mientras estudiabas y en qué piensas ahora? ¿ Qué te distrae? ¿ Qué tienes o qué te falta? ¿ Qué te preocupa? ¿ Cómo te hablas?

Intenta ser sincero y objetivo y, si no lo consigues, pide ayuda.

Muchas veces, compartir tus inquietudes con alguien de confianza, que comprenda todo lo implica opositar y ser opositor, ayudará a enfocarte.

Es importante que tengas cuidado con ver únicamente lo que quieres ver.

Este sesgo cognitivo se denomina pensamiento desiderativo y es muy común.

Como ningún opositor quiere sufrir una verdadera crisis de estudio, tu cerebro se va a encargar de ignorar cualquier señal que pueda conducirte a esa conclusión, ahorrándote el estrés que lleva aparejado. Siempre vas a encontrar una excusa que justifique la bajada de rendimiento.

La evitación es un mecanismo de defensa que pretende «protegerte» a corto plazo pero que, sin embargo, tiene consecuencias nefastas a medio y largo plazo.

Negar la existencia de un problema no hace que desaparezca. Al contrario. Este tipo de pensamiento desiderativo puede provocar  que el problema subyacente crezca hasta que se vuelva imposible de ignorar.

Si quieres analizar correctamente la marcha de tu oposición, puedes -debes, diría yo- diferenciar tres puntos:

1.- Tu rendimiento (¿cuánto estás estudiando?).

 Se trata de un elemento objetivo fácil de medir.

Es lo primero que hará saltar las alarmas  – y si a ti no te saltan, el preparador se encargará de que lo hagan-.

 Lo difícil es hacer una justa valoración de tu rendimiento.

¿Cuánto es un buen rendimiento? ¿Cuánto es lo normal? ¿ Sirve de algo, más allá que como mera orientación, comparar tu rendimiento con el de los demás opositores? ¿ Cómo de preocupante es tu bajada de rendimiento? ¿ Es incompatible con el aprobado? ¿ Sabes si se mantendrá a ese nivel indefinidamente o se puede corregir?

La valoración que hagas de tu rendimiento, y las emociones que de ella derivan, viene determinada por tu autoexigencia.

La autoexigencia es una fuerza que te impulsa a superarte y a dar lo mejor de ti mismo. A priori, es buena compañera de viaje. Lo importante, lo que la convierte en una virtud o en un problema, es la proporción.

Dependiendo de su intensidad, se puede diferenciar:

  • La autoexigencia constructiva. Es la que va acompañada de la aceptación de las propias limitaciones ( de nada sirve exigirse objetivos de estudio irreales) y la comprensión de que no siempre se puede rendir al cien por cien ( la oposición no es un sprint, sino una maratón). Su característica más significativa es que, sin dejar de señalar tus errores, te habla con un lenguaje positivo que te motiva para mejorar.
  • – La autoexigencia destructiva, que fue mi caballo de Troya particular, es un disparador de la ansiedad y el estrés. Hace que surja un miedo desmedido a fallar, a no ser lo suficientemente bueno, y ello conduce al bloqueo –prefiero no examinarme en esta convocatoria, a intentarlo y suspender-.

Hay pocas cosas más absurdas que el perfeccionismo implícito en esta forma de autoexigencia, y no me refiero sólo en la oposición. La Real Academia de la Lengua lo define como la tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado.

Por definición, un opositor perfeccionista nunca va a considerar que avanza lo suficientemente rápido, que domina el tema lo suficientemente bien o que su temario es lo suficientemente completo…

Podría parecer que eso es bueno, pues impulsa a mejorar, pero en realidad, lo único que provoca ese perfeccionismo es una merma de la autoestima, y con ella de la motivación.

En no pocos casos, detrás de un opositor perfeccionista se esconde una permanente sensación de insuficiencia que trata de ser maquillada con una autoexigencia desproporcionada –sé que no soy lo suficientemente bueno pero no me lo reproches porque puedes comprobar cuánto me estoy esforzando por mejorar-

Además, el opositor perfeccionista necesita de un sujeto externo al que considera legitimado para juzgarlo. Puede ser el preparador, la familia, la pareja, los amigos o la sociedad en general; pero ese sujeto externo existe y el perfeccionista busca su aprobación.

2.-  Tus emociones ( ¿Cómo te sientes?).

Durante una crisis de estudio, la emociones que reinarán en tu interior serán de todo, menos positivas. Tristeza, desánimo, apatía, miedo, frustración, vergüenza, culpabilidad, angustia, preocupación… la variedad de emociones negativas que puede llegar a sentir un opositor es sorprendente. Diferenciarlas e identificarlas, no es nada fácil.

Tus emociones son el resultado de comparar cómo crees que llevas la oposición con cómo crees que deberías llevarla.

Aunque cueste darse cuenta, las emociones negativas que tienes durante una crisis cumplen una función importantísima pues te hacen reflexionar y te impulsan a cambiar tu visión de la realidad o tus expectativas -además de ser una silenciosa llamada de auxilio a todo el que te quiere-. Del mismo modo que el dolor te avisa de que el cuerpo está sufriendo, las emociones negativas te avisan de que tu mente sufre.

Acéptalas, pero trata de encontrar el pensamiento que las provoca.

Sin embargo, hay dos emociones de las que tienes que liberarte, pues sólo intoxican:

1.- La Culpabilidad.

No hay culpa lo suficientemente grande como para hacerte recuperar el tiempo de estudio perdido. En ese sentido, es una emoción inútil.

Cuando te sientes culpable por no haber rendido lo suficiente, parece que te estás diciendo a ti mismo, y a los demás, que eres consciente de que has cometido un error  y que no volverás a cometerlo.

Existe una tendencia social a creer que sintiéndote culpable, quedas exonerado de tu mal comportamiento. Pues no. La culpa ni exonera ni soluciona nada.

2.- La Preocupación.

Del mismo modo que con la culpa te evades del presente para centrarte en un hecho pasado, con la preocupación, sufres una parálisis por miedo a hechos futuros.

No hay que confundir preocupación con hacer planes. Es normal que, como opositor que eres, planifiques tu calendario de estudio o tu ruta para salir de la crisis. La preocupación a la que me refiero es esa preocupación asfixiante que genera un estrés y ansiedad innecesarios. Ésa que hace que sientas una presión en el pecho y un peso en los hombros insoportables. Ésa que tensiona el cuello y provoca verdadero vértigo. Sabes de lo que estoy hablando, ¿verdad?

3.- Tus pensamientos (¿ en qué centras el foco?)

Donde la mente pone el foco, el cuerpo manda la energía ( «Where focus goes, energy flows» Tony Robbins)

Tus pensamientos determinan tu realidad. Todos lo sabemos pero, aun así, como humanos que somos, seguimos tropezando con la misma piedra.

Una crisis de estudio es fruto de cambiar el foco. Pasas de estar centrado en tu rutina de estudio diario a dispersar tu mente. Pierdes el hábito.

Existe una íntima conexión entre pensamientos, emociones y acciones, de forma que todos son causas y efectos de los demás. Es decir, se van retroalimentando tanto para lo bueno, como para lo malo.

Por ejemplo, si piensas que el tema que tienes que estudiar es muy difícil y que estás avanzando demasiado lento, lo normal es que te agobies. El agobio impedirá que rindas bien, lo que provocará nuevos pensamientos negativos –  voy a suspender…- que desembocarán en nuevas emociones negativas –frustración, miedo, desesperanza...- a lo que tu cerebro -siempre dispuesto a evitarte dolor- reaccionará invitándote a hacer cualquier cosa lejos de tu lugar de estudio.

En esta cadena formada por pensamientos, emociones y acciones, hay un eslabón que controlamos por completo ( acciones), otro sobre el que tenemos un gran control que aumenta a medida que practicamos ( pensamientos) y otro sobre el que no tenemos poder de forma directa pero sí indirecta ( emociones).

Toma acción y cambiarán tus pensamientos y con ellos, tus emociones. Cambia un pensamiento y cambiará tu estado de ánimo que fomentará nuevas acciones.

2.- ¿A QUÉ LE LLAMAS UNA CRISIS DE ESTUDIO?

Hacer una buena calificación tiene gran importancia pues lleva aparejadas consecuencias.

Una verdadera crisis de estudio es aquella en la que teniendo claro el objetivo de aprobar y ser funcionario, estando dispuesto a hacer lo que sea necesario, asumiendo que tendrás que sufrir para lograr tu plaza, no consigues avanzar al ritmo adecuado. Estás paralizado.

Cuestión distinta es tener una crisis de identidad, es decir, no saber si quieres continuar opositando, si te sigue mereciendo la pena tanto sacrificio. Pero ese es otro problema.

La clave está en diferenciar entre lo que de verdad  quieres y lo que te gustaría querer. Te puedes engañar durante un tiempo, pero, al final, la verdad gana la partida.

Cada vez que coges una situación y la encasillas dentro del concepto de crisis de estudio, empieza a actuar todo el sistema de creencias limitantes que tienes al respecto y que has formado sobre la base de tu experiencia personal y del feedback de los demás –son difíciles de superar; como sea muy larga el preparador me va a echar, va a hacer que suspenda; ya he tenido demasiadas; esto no es normal; no aguanto más…-

Estas creencias limitantes determinan tu actitud para afrontar la situación.

Lo bueno de las creencias es que pueden cambiarse. Por eso se llaman creencias y no verdades universales.

Si estás en una verdadera crisis de estudio, continúa con este ejercicio; pero, si lo que te pasa es otra cosa, cambia las preguntas, pues las de este post no te darán las respuestas que necesitas.

3.- ¿ CUÁLES CREES QUE SON LOS DESENCADENANTES DE TU CRISIS?

Una crisis de estudio no aparece de un día para otro.

En la mayoría de los casos, no habrá un único motivo sino que habrán sido una sucesión de pequeñas acciones y decisiones diarias las que rompieron el hábito de estudio y te llevaron a esa situación.

Sólo tú puedes averiguar tus desencadenantes, pero en tu búsqueda, ten en cuenta que, muchas veces, pensamos que elementos aparentemente no relacionados de forma directa con el rendimiento de estudio –alimentación, deporte, descanso, vestimenta, orden…- no tienen importancia cuando, en realidad, refuerzan malos hábitos que nos hunden un poco más.

Una vez que tengas identificados tus desencadenantes, comprobarás que se pueden clasificar en dos grupos:

  • Los verdaderos dramas que, desgraciadamente, forman parte de la vida. En estos casos la oposición pasa a un segundo plano. Aquí sólo se puede decir que todos tenemos un derecho natural al desahogo razonable. Si es tu caso, ejércelo y, cuando puedas, continúa con la oposición.
  • Las circunstancias a resolver. Son todos los desencadenantes que no son dramas. La resolución de algunas de estas circunstancias dependerá exclusivamente de ti mientras que otras escaparán de tu control. Soluciona las que puedas, acepta las que no y aprende a diferenciarlas.

4.- ¿ QUÉ ESTÁS HACIENDO PARA SUPERAR TU CRISIS DE ESTUDIO?

Posiblemente, casi nada o, como mucho, buscar/preguntar cómo superar una mala racha de estudio. Pero actuar, lo que se dice actuar, no estás actuando de verdad.

Cuando caes en el círculo vicioso de una crisis de estudio es frecuente que adoptes una actitud pasivo pesimista fruto de una parálisis por análisis.

Es normal, a todos nos ha pasado.

En cualquier caso, lo mucho o lo poco que estés haciendo para superar tu crisis no depende de las circunstancias que tengas que resolver -no busques esa excusa-, sino que depende de tus decisiones.

Debes tomar la iniciativa y adquirir consciencia de que eres el responsable de tu situación. Nadie va a venir a salvarte así que tienes que buscar tus propias soluciones.

5.- ¿ QUÉ DEBERÍAS ESTAR HACIENDO PARA SUPERARLA?

Todos somos diferentes. Lo que valió para mí, quizás no valga para ti. Por eso, recuerda que esto es únicamente mi opinión:

  1. Aplica la Primera Ley de Newton: » Todo cuerpo permanece en un estado de reposo o movimiento hasta que se vea obligado a cambiar su estado por una fuerza que actúe sobre él«. Traducción: actúa. Haz algo. Lo que sea. No lograrás salir de tu crisis con una actitud pasiva. Hacer algo es el primer paso, el más importante y el más difícil. Recuerda que las acciones influyen en los pensamientos y en las emociones. Introduciendo pequeñas acciones que rompan tu círculo vicioso puedes llegar a conseguir grandes cambios. En la reacción en cadena producida por el efecto dominó, una ficha es capaz de tumbar otra un cincuenta por ciento mayor…
  2. Relaja la autoexigencia (es una espada de Damocles) y abandona el perfeccionismo. Mientras superas la crisis, tienes que renunciar a la idea de volver a rendir inmediatamente al ritmo al que lo hacías en los buenos momentos. La recuperación es un proceso paulatino. Ve cumpliendo pequeños objetivos diarios que te harán ganar confianza y motivación con lo que cambiará tu estado de ánimo.
  3. Mejora la alimentación, haz deporte y cuida el sueño. Si tu cuerpo está sano y fuerte, podrás superar cualquier problema antes y mejor. No es un tópico, es ciencia. Una alimentación sana reduce el riesgo de enfermedades y aumenta la energía; el deporte disminuye el estrés y la ansiedad, favorece el sueño, aumenta la capacidad cognitiva y provoca la liberación de endorfinas ( hormonas de la felicidad); el sueño incrementa la creatividad, mejora la memoria, reduce el estrés y la depresión.
  4. Medita. Todos los estudiosos del desarrollo personal y la productividad -al menos, todos a los que sigo- recomiendan meditar. No hace falta meditar repitiendo un mantra en perfecta posición de loto. Basta con que te sientes con la espalda recta, cierres lo ojos y te concentres exclusivamente en tu respiración durante unos minutos. Tras un poco de práctica, notarás como con la meditación limpias tu mente, ganas claridad y desarrollas la atención y la capacidad de concentración.
  5. Introduce cambios en tu entorno. Mantenerse concentrado es una  actividad que consume energía. Tu cerebro tiene que ignorar todos los estímulos que hay a tu alrededor para mantener el foco en el estudio. Cuando sufres una crisis, baja tu capacidad de concentración así que póntelo un poco más fácil eliminando cualquier cosa que te pueda distraer.
  6. Relativiza tu crisis. Relativizar no significa que tu crisis no sea importante, significa que hay quien sufre problemas mucho mayores. Tenemos una tendencia natural a central el foco en lo negativo y a ignorar lo positivo. Este es un mecanismo de supervivencia que usa tu cerebro para detectar cualquier amenaza para tu vida. Para romperlo, sólo hace falta un ejercicio de gratitud por todo lo que va bien en tu oposición y en tu vida. No se trata de que estés contento por sufrir una crisis de estudio, sino de que ésta no te amargue la vida.
  7. Racionaliza tus pensamientos negativos. Cada vez que te tengas pensamientos negativos sesgados del estilo » no voy a salir de esta», » ya no me da tiempo a remontar antes del examen», » seguro que suspendo», «estoy decepcionando a todo el que me apoya», «estoy haciendo perder el tiempo a mi preparador», etc; haz dos cosas: a) toma consciencia de ese pensamiento negativo y b) somételo al triple filtro: filtro de la evidencia (¿tengo alguna prueba irrefutable de que lo que pienso es cierto?) filtro de la gravedad ( vale, es cierto lo que pienso, pero ¿ realmente es tan grave, o hay cosas peores?)  y filtro de la utilidad ( vale, es cierto y grave pero ¿ en qué me ayuda a resolverlo estar machacándome?)
  8. Acaba con el bucle mental negativo. Cuando te enfrentes a él, puedes hacer dos cosas: pararlo o alimentarlo. Y normalmente, lo alimentarás. Para pararlo hay que actuar con madurez y seriedad, es decir, aceptando que las cosas se han torcido, que algunas las podrás enderezar y que con otras tendrás que resignarte.
  9. Busca tu palanca. Normalmente, cuando tratas de superar tu crisis de estudio analizas las cosas que haces mal y les pones un remedio. Sigues la lógica de la causa y efecto –si me distraigo con el móvil, lo apago y lo guardo en un cajón bien lejos del cuarto de estudio-. Sin embargo, las diferentes causas de una crisis suelen tener un nexo de unión. Todas, o muchas, son consecuencia de una estructura de pensamientos. Algo ha cambiado en tu mente que te ha hecho abandonar tu rutina de estudio. Tienes que encontrar ese algo y reconfigurarlo. Esa será la palanca que cambie todo lo demás. Puede ser una creencia limitante, una necesidad, una herida mal sanada, un cambio en tus valores… Es más fácil explicarlo con un ejemplo: mi palanca fue comprender que el aprobado no me iba a dar la felicidad, sino que la «felicidad» me iba a dar el aprobado. Tenía la creencia limitante de que la oposición necesariamente debía ser un camino tortuoso lleno de sufrimiento y dolor -y, en realidad, lo es-. Cuanto mayor fuera el sufrimiento, mayor sería la gloria y yo quería que mi gloria fuera máxima -aquí estaba mi problema-. Con mucha ayuda, comprendí dos cosas: que la oposición no determina la valía del opositor, con lo que disminuyó mi autoexigencia destructiva, y que no se puede aprobar sumergido en una depresión, así que si quería aprobar, tenía que abandonar ese estado mental depresivo pasivo. Sé que desde fuera parece casi absurdo, pero todos llevamos dentro un idiota al que damos rienda suelta más veces de las deseables.
  10. Resiste un día más y sigue estudiando. Es una cuestión puramente matemática. Si tienes claro los porqués estás opositando, cada día que continúes sentado en tu silla de estudio aumentan las probabilidades de que te llegue el momento de inspiración en que lo comprendas todo y seas capaz de salir adelante. « La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando» Pablo Picasso.


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